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Vida nómada10 min de lectura6 mar. 2026

Samantha Tiasoa: «Todo está en la cabeza.»

Retrato de una periodista y emprendedora malgache que construye el nomadismo digital desde Madagascar — y que demuestra que no hace falta venir de un país rico para atreverse.

Samantha Tiasoa: «Todo está en la cabeza.»

Retrato de una periodista y emprendedora malgache que construye el nomadismo digital desde Madagascar — y que demuestra que no hace falta venir de un país rico para atreverse.

Samantha tiene treinta años, una agencia digital, un blog sobre nomadismo, clases en una universidad privada y una convicción forjada por diez años de camino: los límites que nos ponemos rara vez son los que creemos.

Originaria de Madagascar, forma parte de esos nómadas digitales de los que casi nunca se habla: los que no viajan desde Europa o Norteamérica hacia el Sur, sino que hacen el camino inverso, con un pasaporte débil, billetes de avión entre los más caros del mundo y una sociedad que espera que las mujeres se casen antes de los 25.

Nueva York, 2016 — el clic

Todo empieza con un reportaje. En 2016, Samantha, joven periodista malgache, consigue una beca para cubrir las elecciones estadounidenses. Es su primer viaje fuera de Madagascar. En Nueva York, en un centro de votación, observa a un periodista ruso filmando. Le pregunta cómo gestiona los plazos. Él responde que no tiene jefe, que es freelance, que publica en su propio blog. La conversación dura unos minutos. El clic aún perdura.

«Ahí fue cuando me dije: quiero esa vida.»

Vuelve a Madagascar con una idea: crear un periódico en línea. Se llamará Book News Madagascar. El modelo no funciona: en esa época, el acceso a internet es limitado, el consumo de información en línea prácticamente inexistente. Pivota hacia la redacción web y el community management. Clientes locales primero, luego internacionales. El negocio despega.

«No lo viví realmente como un fracaso, sino más bien como un giro natural. Incluso lo tomé como una oportunidad.»

Nómada al revés

Lo que hace singular el recorrido de Samantha en esta serie es la dirección del viaje. Donde las otras mujeres de este reportaje parten de Occidente hacia el Sur, Samantha hace lo contrario. Y la gente no se lo espera.

En Bali, en un supermercado, una cajera la saluda en indonesio: la toma por local. La conversación se inicia. Cuando Samantha explica que viene de Madagascar y que viaja como nómada digital, la cajera se queda atónita.

«Me dijo que era la primera vez que oía a alguien de África viajar a Indonesia como nómada digital. E incluso viajar, sin más.»

El nomadismo visto desde el Sur no tiene los mismos contornos. El pasaporte malgache es lo que se llama un pasaporte débil: cada viaje exige montañas de papeles — certificado de residencia, extracto bancario, justificante de alojamiento, motivo de estancia. Para ciertos destinos, las mujeres solas son examinadas con aún más sospecha. Europa sigue siendo un sueño complicado: el visado Schengen, Samantha aún no ha conseguido obtenerlo. Francia y España están en lo alto de su lista. Ahorra cada mes en un fondo dedicado a los billetes de avión, porque la espontaneidad, desde Madagascar, es un lujo.

Emprender cuando nadie te invita

El emprendimiento femenino en Madagascar no es nada evidente. La presión es clara: estudios, buen trabajo, matrimonio antes de los 25. Samantha tiene treinta años, es soltera, viaja. Las miradas pesan — no las de su familia, que es abierta y siempre la ha apoyado, sino las de fuera.

Su madre, ella misma emprendedora y viajera, le dejó un consejo que nunca la ha abandonado.

«Cuando era pequeña, me dijo que no debía tener miedo de nada y que era lo bastante fuerte para lograr todo lo que quisiera. Es esa voz la que sigo oyendo cuando a veces dudo y las cosas se ponen difíciles.»

En Bali, reencuentra los mismos códigos que en Madagascar: matrimonio joven, mirada insistente sobre las mujeres solas. En Indonesia, la toman por local, así que la juzgan como local. En Kenia, le preguntan regularmente si no tiene miedo de viajar sola. Ella sigue adelante. No por fanfarronería, sino por construcción. Año tras año, viaje tras viaje, un trabajo interior que empezó mucho antes del primer billete de avión.

La soledad de quien vuelve cambiada

Sobre la soledad, Samantha distingue dos formas. Está la del alejamiento: sus dos hermanas, las videollamadas que dan ganas de llorar más que de tranquilizar, los eventos familiares que se pierde con cada partida. En Bali, acortó su estancia porque la añoranza se había vuelto demasiado fuerte.

Y está la otra soledad, más sorda: la del regreso. El desfase con la gente a su alrededor, que no ha visto lo que ella ha visto, que no siempre entiende por qué vuelve diferente.

«En cuanto viajo y veo otra cosa, cuando vuelvo, veo las cosas de otra manera, veo a la gente de otra manera. Pasa siempre. Pero después de un viaje, es aún peor.»

De la adolescente acosada a la mujer que forma a otros

Samantha no oculta de dónde viene interiormente. En el instituto, era retraída, acosada, llena de complejos — sobre su físico, su lugar, su capacidad de ser amada. El viaje hizo saltar esos cerrojos uno a uno.

«Me permitió ver que todo el mundo es diferente y que se puede vivir perfectamente en esa diversidad. Basta con abrazar esa faceta de uno mismo y aceptarse. Y sobre todo, sobre todo, sobre todo, dejar de pensar en lo que piensan los demás y simplemente vivir tu vida.»

Hoy, transmite.

En 2022, a través del Digital Lab, forma a jóvenes malgaches en freelancing digital. Entre las personas que ha acompañado, una antigua becaria convertida en community manager de pleno derecho, con clientes internacionales, autónoma y capaz. Samantha habla de ello con un orgullo sin filtro.

Samantha sigue transmitiendo, es su naturaleza. Hoy da clases en una universidad privada, clases que marcan el ritmo de sus desplazamientos cuando no puede darlas a distancia.

¿Y ahora?

En cinco años, Samantha no se ve en Madagascar. Quiere instalarse en otro lugar — aún no sabe dónde. Por eso también necesita viajar más: para encontrarlo. Estambul está planeado para abril — le atrae la energía de una ciudad que une dos continentes. Europa sigue siendo el gran proyecto.

¿Y si una joven malgache la mira de lejos pensándose «tiene suerte, yo nunca podría»? Samantha tiene una respuesta. Una sola frase, limpia, definitiva:

«Todo está en la cabeza.»

Este artículo forma parte de nuestra serie publicada con motivo del Día Internacional de los Derechos de la Mujer 2026. En Hello Mira, creemos que el nomadismo digital se vive mejor cuando se comparte — con los locales, con otros nómadas, con quienes se atreven. Por eso damos la palabra a mujeres que viven esta aventura a diario, con sus dudas, sus luchas y su visión.

FAQ

Preguntas frecuentes

¿Se puede ser nómada digital con un pasaporte débil?

Sí, pero exige mucha más planificación de la que los nómadas occidentales suelen describir. Samantha Tiasoa, periodista y nómada digital malgache, debe reunir documentación completa para cada viaje: justificante de domicilio, extractos bancarios, reserva de alojamiento, motivo detallado. Ahorra cada mes en un fondo dedicado a los vuelos, porque la espontaneidad es un lujo que quienes tienen un pasaporte débil no pueden permitirse.

¿Qué significa «nómada al revés» y por qué es importante?

La mayoría de los relatos sobre nomadismo digital siguen la misma dirección: personas de países ricos que viajan hacia el sur. Samantha Tiasoa hace el camino inverso —desde Madagascar hacia Asia y más allá— y rara vez es reconocida como nómada. En Bali, una cajera le confesó que era la primera vez que oía hablar de alguien de África que viajara a Indonesia como nómada digital. La falta de representación es real.

¿Cómo empezó Samantha Tiasoa su carrera digital y qué desencadenó el salto al nomadismo?

En 2016, Samantha cubrió las elecciones estadounidenses gracias a una fellowship periodística —su primer viaje fuera de Madagascar. En Nueva York conoció a un periodista freelance ruso sin jefe, que publicaba en su propio blog. Esa conversación encendió una idea. De vuelta en Antananarivo, intentó lanzar un periódico en línea, pivotó hacia la redacción web y la gestión de comunidades cuando falló, y construyó progresivamente una cartera de clientes internacionales.

¿Cuál es el coste emocional de volver a casa tras vivir como nómada digital?

Samantha Tiasoa describe dos formas de soledad en la vida nómada: la soledad de la distancia —eventos familiares perdidos, videollamadas que dan ganas de llorar— y la soledad del regreso. Volver transformada y comprobar que quienes te rodean no han vivido lo que tú has vivido crea una distancia que no se cierra fácilmente. Esa sensación, afirma, se hace más difícil después de cada viaje.

¿Cómo ayuda viajar a las mujeres a superar sus inseguridades?

Samantha Tiasoa era introvertida y sufrió acoso en el instituto, llena de dudas sobre su apariencia y su lugar en el mundo. Una década de viajes derrumbó esas barreras de forma sistemática. Su conclusión: la diversidad se vuelve evidente cuando la has vivido desde dentro, y la opinión de los demás pierde su influencia cuando has aprendido a vivir fuera de los códigos sociales que le daban poder. Hoy forma a jóvenes malgaches en el freelancing digital a través del Digital Lab.

Este artículo forma parte de la serie Hello Mira para el Día Internacional de los Derechos de la Mujer 2026. Descubre nuestra investigación completa: nuestro informe sobre el nomadismo femenino.

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